Cuentos de arpías y rebeldes (III)

Por fin consigo reabrir mi bitácora más querida, tras un silencio en ella de más de un año. Pero ya tenía tantas ganas que el día de la CONVIVENCIA me empujó. En este espacio escribo abiertamente lo que pienso, de casi cada tema que en un cierto momento despierte mi interés. Aquí encontraréis literatura, política, educación, religión, maternidad, organización... Un vivo reflejo de lo que soy y lo que siento.

Bienvenidos, poneos cómodas, estáis en vuestra casa.



miércoles 1 de febrero de 2012

La rebelión del sentido común (II): ¿Qué queremos?

(la foto es de aquí)

Me gustaría compartir algunas reflexiones sobre la reforma que propone el Ministro Wert. Vaya por delante mi posición, que dejé clara (creo) en el post anterior. Pero quisiera entrar a debatir algunos detalles de su propuesta, y mostrar un ejemplo de "visión constructiva". Tiene mucho que ver, también, con mi teoría de que las mayorías absolutas son absolutamente contrarias al espíritu de la Democracia, y que el buen hacer de la mayoría en el poder pasa por negociar las acciones de gobierno.

El cambio a 3+3 no creo que aporte por sí mismo nada positivo; los chicos - y pocas chicas - que realmente plantean problemas en la aulas, de los serios, no llegan al 4º curso de la ESO casi nunca, porque acumulan retrasos escolares o porque se incorporaron tarde al sistema educativo. Además, ya sabemos que los chicos y chicas de 15 años no son quienes van a decidir. Decidirán sus padres, y por supuesto, en la mayor parte de los casos, elegirán la vía del Bachillerato, en tanto no se considere que la Formación Profesional ofrece realmente una alternativa formativa con posibilidades de futuro. Así que, presumiblemente, en las aulas seguiremos teniendo los mismos alumnos y alumnas en los mismos sitios. Sólo cambiará, en todo caso, el número de graduados... y tampoco lo tengo claro...

Sin embargo, tratemos de pensar en formas de aprovechar el cambio. ¿Qué posibles ventajas, organizativas o de otro tipo, nos daría el hecho de tener un mayor espectro de optatividad?¿Qué posibilidad hay de que se produzca un efecto positivo en el ánimo del alumnado que se gradúa - y el que no se gradúa - si se plantean programas de cualificación profesional realmente insertos en las escuelas profesionales de arte, de música y de FP?¿Y si el hecho de obtener esa cualificación profesional les otorgara simultáneamente, su graduación en ESO? ¿Y si eso les permitiera reingresar en la vía del bachillerato/selectividad/universidad, una vez que se sienten capaces y con dos títulos bajo el brazo? HAbrá que tener cuidado de no poner la meta muy lejos de la salida: pedir al alumnado que no quiere quedarse en el sistema que planifique estratégicamente a 3 años vista me parece una osadía. Pero si después del año obligatorio obtiene una primera cualificación profesional, con una año más su titulo de ESO y, con otro, su FPII, con acceso a la FP3 sin más trabas... No es más que un ejemplo; el camino alternativo debe tener sentido PARA ELLAS Y ELLOS, debe aportar una ganancia clara a quien lo elige, porque a los 14 o 15 años no podemos decir que no saben lo que quieren pero que carguen con todas las consecuencias de la inmadurez propia de su edad. Y porque QUEREMOS QUE SIGAN EN EL SISTEMA FORMÁNDOSE a la vez que crecen, maduran y toman las riendas de su vida.

Lo importante es conseguir que aún siendo obligatoria la educación, a ningún niño, a ninguna niña de 13 o 14 años se le ocurra que podría estar mejor en otro sitio. Si el bachillerato ya tiene 3 años, ya no hay nada que justifique que los tres años anteriores son "propedéuticos". La palabra suena a insulto, con toda la razón, pero la educación hasta ese momento DEBE SER BÁSICA ¿Qué impide ahora que al menos los dos primeros años de la ESO se trabaje por ámbitos?¿Qué impide que se de importancia a las competencias y conocimientos prácticos y útiles para la vida de todos? Creo que es una oportunidad para que la ESO sea lo que siempre debería de haber sido: una buena preparación que no esté condicionada por lo que venga después.

¿Qué importa si la idea original del ministro es separar al grano de la paja? No nos dejemos cegar por sus objetivos, creo que debemos utilizar sus planteamientos y propuestas irrenunciables para enganchar nuestras propuestas y planteamientos irrenunciables. ¿Sabemos cuáles son? ¡Claro! Queremos que la educación sea un factor de democratización y equidad, así que pongamos como primer punto de nuestro decálogo irrenunciable: atención especial por todos los motivos catalogados en cuanto lo solicite el director de un centro junto con las familias correspondientes.

Si lo que queremos es ofrecer alternativas al camino academicista, cuyo objetivo es únicamente acceder a la Universidad, alternativas para los y las jóvenes que no quieren o no pueden o no se sienten capaces de seguir esa vía las alternativas no pueden ser caritativas o de segunda, deben ser reales, ventajosas, acordes con su idea actual de proyecto vital, y de manera indispensable, que no comprometan su futuro por una mala elección. Pero sobre todo, sobre todo debemos intentar que sea una buena elección para cualquiera que la tome.

Si somos capaces de cambiar el horizonte, de ofrecer alternativas que puedan intercambiarse sin grandes dificultades, tendiendo puentes razonables y no cuerdas de esparto gastado como hay ahora, entre el camino académico y el profesional, y si abandonamos la retórica del esfuerzo, dejamos de hablar de caminos fáciles y caminos sacrificados, porque la elección está ahí para todos, con toda la información disponible, realmente es posible que salvemos algunas cosas, que consigamos que los que aprenden haciendo aprendan tanto como los que aprenden escuchando, o mirando, sin que ni lo uno ni lo otro sea un demérito.

Y la realidad es que si esto tan sencillo como permitir que cada niño y cada niña aprenda como mejor sabe, como mejor optimiza el proceso, desde que tiene 6 años - no HASTA que tiene 6 años, y si nos cuidáramos de que nuestra escuela les ayudase a encontrar y explotar también otras formas de aprender, en lugar de etiquetarles como ganadores o fracasados para que no se pierdan en el camino del instituto, no tendríamos tanto problema en dejarles elegir lo que quieren hacer con sus vidas... porque realmente estarían eligiendo.



La rebelión del sentido común: PACTO EDUCATIVO ¡YA!





Esta tarde he seguido en directo el desarrollo de la primera Comisión de Educación del Congreso de los Diputados, convocada por el ministro Wert. He disfrutado, o sufrido, y participado activamente en el debate en twitter, y espero que el gabinete del Ministro lo repase con todo el respeto y consideración que merece. He visto los ánimos muy alterados, pero sobre todo, he visto el desaliento de los docentes, muchos de ellos en lucha desde septiembre por la precarización que se está produciendo en la educación pública en general, y con especial ensañamiento en algunas comunidades autónomas. Me resulta extremadamente difícil pedir calma y reflexión a estas personas que están siendo desoídas, humilladas y zarandeadas por un gobierno autonómico prepotente y que no tiene respeto por sus empleados y empleadas, que no valora su trabajo ni las condiciones en que lo desarrollan.

Y sin embargo, creo que hay que hacer un ejercicio de elevación. Casi, casi, caminar sobre las aguas.

Ya nos ha contado el Ministro de Educación el tipo de reforma que pretende hacer: una reforma estructural, y que por tanto, afectará de igual forma a la educación pública y a la privada, concertada o no (aquí está la intervención inicial, gracias a @xarxatic)

Sabemos de buena tinta (el propio Ministro lo aclara con sus palabras) que es una reforma que pretende modificar los indicadores que nos dejan en tan mal lugar frente a otros estados de similares características socioeconómicas (el club de los ricos) - esto es, una reforma con objetivos cosméticos. Tendrá un coste elevado (todas las reformas estructurales lo tienen), no es el tipo de reforma que se necesita. En cualquier caso, creo que, después de la vivir la tercera reforma educativa consecutiva en 21 años (si no contamos el anterior intento fallido del Partido Popular con la LOCE del año 2000), sería un momento tan bueno como cualquier otro, incluso tirando a tarde, para trabajar por un pacto educativo global.

El Partido Popular sabe que no gobernará siempre, que dentro de 4, 8 o 12 años volverán las oscuras golondrinas de sus asientos su nueva ley a promulgar y las energías y recursos que consume hacer un cambio educativo con cada cambio de color del Gobierno no parecen dar los frutos esperados; por el contrario, este "baile" es la mejor garantía para que el sistema no levante cabeza nunca. Así que, no sé si será la edad o qué, pero esperar todos esos años OTRA VEZ para ver si es el del color alternativo quien se digne a promover un gran pacto de Estado en Educación me parece estadísticamente inútil.

Llegados a este punto, caben dos opciones:

1. Tratar de convencer al ministro Wert de que la reforma que propone no va a servir para mejorar nada, porque, como la anterior, tiene a buena parte del profesorado, la sociedad y la clase política enfrente. Este camino creo que es estéril.

2. Tratar de convencer al ministro Wert de que elija sus puntos irrenunciables, aquellos que, si no cambiaran nunca hasta el fin de los tiempos, merecerían la renuncia a esos otros puntos, también irrenunciables, claro, en el fragor de la batalla por el poder efímero que otorga la democracia, y sin embargo, renunciables al fin y al cabo.

Yo no puedo convencer al ministro Wert de nada, creo que ni siquiera soportaría su presencia física, ni telefónica. Pero tengo, como ciudadana, la responsabilidad de pensar, y la de exigir a mis representantes políticos - en este caso todos y ninguno - que trabajen por el bien común. Hoy me ha pillado la decepción en un buen día, y he decidido que todos mis prejuicios (que son muchos, y posiblemente, acertados) los iba a dejar a un lado para explorar lo que parece ser el cuerpo central de la reforma que se avecina: el cambio de 4+2 a 3+3, como os contaré en la segunda parte de este post. Pero la idea es que este proceso de reflexión sobre las ideas que pone el "contrario" sobre la mesa puede (y debe) extenderse a todos los puntos irrenunciables de unos y de otros, pero en esa irrenunciabilidad que solo se produce cuando el deseo real y el imperativo moral son ALCANZAR UN CONSENSO.

Por favor, señor Ministro: déjenos saber qué es lo que considera irrenunciable en un sistema educativo. Sea el concierto de los centros privados, sea la escolaridad obligatoria hasta los 14 o hasta los 18. Sea la Religión como asignatura. Díganos 6 puntos que considera irrenunciables. O 5, ó 7. Pero sea inteligente, porque después trataremos, entre unos y otros, de aportar otros tantos. Y lo mejor sería que todos los puntos sumen, aunque ya sabemos que algunos se restarán. Pero no pueden restar todos: se trata de construir, no de vencer al contrario. En este caso, o ganamos todos o perdemos todos, porque serán los hijos de nuestros hijos los que vivan en un Baile del Decenio, como sus padres y sus abuelos, o en un sistema que nos deje a todos encontrar lo mejor de nosotros mismos.

Esta oportunidad se ha presentado a todos los Ministros y Ministras de Educación anteriores, y ninguno ha sabido aprovecharla. Tal vez usted se atreva, tal vez usted valore que, una vez más, estamos ante una oportunidad de transformar nuestro sistema educativo en un lugar seguro en estos tiempos inciertos. Aunque no sea un sistema totalmente a su gusto, ni al mío, un sistema más estable y aceptado por todos sin duda será mejor que un sistema que cambie cada 10 años y siempre tenga a la mitad de la población en contra.

Por favor, señores representantes de la oposición parlamentaria, más o menos opuesta: traten de presentarle al Ministro su mejor disposición a dialogar, no den todo por perdido ni se refugien en su estatus de oposición para negar la mayor. Hay un sistema educativo que construir. Uno que sirva a todos suficientemente. Así que, ¡a trabajar!

¡Ah! Y cuenten conmigo para pensar, discutir, opinar, proponer, escribir y volver a pensar. Como ejercicio democrático, tener la oportunidad de depositar mi voto cada cuatro años se me queda corto.

sábado 7 de enero de 2012

DE COMO, AFORTUNADAMENTE, LA VIDA SE CONTAGIA DE 2.0




En 2011 he descubierto que es maravilloso escribir en los libros, subrayarlos, llenarlos de comentarios y dibujos, exclamaciones... hacerlos míos por completo. Después de tantísimos años disfrutando de la lectura, metiéndome en las historias ajenas como si fueran mis propias aventuras, compartiendo penas, alegrías, reflexiones, paisajes, hogares, historias con los personajes y sus creadores, no pensaba que mi relación con la lectura pudiera ser aún más intensa y apasionada... y sin embargo, llegó internet. Llegó, y conquistó mis dominios, paralizados en el temor reverencial hacia esa "raza elegida" de autoras y autores publicados por terceros, liberándome (espero que para siempre) de la inmovilidad sumisa ante una hoja de papel impreso y encuadernado.

La flexibilidad del medio se contagió al papel. ¿Cómo, después de entrar y residir en la comunidad que formamos blogueros y comentaristas, podría dejar de volcarme en mis libros de papel? Expresar las ideas, los sentimientos que produce una lectura obliga a elaborar, después de una primera oleada, más emocional, el propio pensamiento en relación con lo que se lee. De hecho, las herramientas (aparatos y aplicaciones) para lectura en formatos digitales van incorporando la posibilidad de editar, hacer anotaciones, subrayar... Esto es, nos empujan a rebelarnos, haciendo posible lo que muchas personas de mi generación hemos considerado (¡qué equivocadas!) sacrilegio. ¿Cuánto más no habríamos aprendido llenando las páginas de los libros con nuestras aportaciones y compartiéndolos después?

Ahora no tengo ninguna duda de que los procesos creativos de todos se entremezclan, que la filosofía de compartir a través de la creación y el mash-up es mucho más connatural a nuestra forma de aprender y desarrollarnos que la contemplación de lo que otros hicieron. Siento una gran alegría al haber podido ir un poco más allá en mi relación con las ideas y los sentimientos expresados y divulgados por otros individuos de mi especie, y una gran tristeza porque no me ayudaran mis mayores a descubrirlo dejándome garabatear sus obras completas de Marx o Don Quijote de la Mancha. Tristeza porque el mensaje subyacente es que la admiración y la veneración son la misma cosa...

La libertad, bien entendida, empieza por una misma. ¿Cómo, si no, podremos enseñársela a nuestras hijas e hijos? Libertad para admirar o denostar, y libertad para decirlo, para dejarlo impreso a punta de lápiz, o a golpe de teclado. La vida 2.0 no es una moda pasajera, es un multiplicador de esfuerzos, un cerebro y un corazón dotados de millones de manos para la acción y voces para iluminar las zonas más oscuras del planeta. Y esto es lo más grande que podemos dejar a las personas que vienen detrás.

(PD. La imagen la subió hace un rato a twitter @rubendiaz y desencadenó el post)

lunes 26 de diciembre de 2011

¿De verdad esperas que elija bien mi camino?


Una de las discusiones más frecuentes que tengo en casa tiene que ver con la exigencia de responsabilidades por las propias acciones a los adolescentes que no quieren estudiar, y sobre la edad a la que se les puede considerar adultos en relación con su educación (no con sus gustos o inclinaciones, que son otra cosa diferente). Yo siempre he mantenido que, con carácter general, una persona europea de 15 o 16 años de edad no tiene autonomía suficiente para decidir que puede dejar ya de estudiar.
Dos aclaraciones en este punto: primero, digo europea, porque las culturas de otros continentes, en particular África y América del Sur, me consta que acortan la infancia y consideran la adolescencia como una primera etapa del ser adulto, en consonancia, tal vez, con un desarrollo sexual más temprano, o con la bendición de unos brazos más para trabajar...; y segundo, entiéndase "estudiar" como formarse, en una o varias disciplinas con corpus teórico y práctico, de la ciencia, la técnica, la estética, y la ética, y acompañados de una y otra manera, por un verdadero formador.

http://www.flickr.com/photos/8558514@N07/1999829633

Pero, volvamos a lo importante, hechas estas dos aclaraciones. Un niño o niña, adolescente, de entre 12 y 16 años (esto es, el alumnado de la ESO), tal vez ha tenido ya oportunidad de buscar un asidero: alguna oportunidad, sí, pero no muchas, para dejar de hacer lo que tiene visto, oído, ejemplarizado en sus adultos próximos, modelos de adulto... Y aquí es donde, invariablemente, obtengo la respuesta esperada: una persona no es solo su entorno... Yo me quedo pensando que esto es cierto, hay más que el entorno, pero algo en mi interior me dice: pese a todo, pese a todo, toda esa "mierda" que tienen encima no se la han echado ellos, no han decidido - ¡aún no! - libremente. Esto me decía mi intuición, pero nunca había dado con una buena respuesta, razonada, con base... hasta hoy. Estos niños y niñas que buscan su camino a tropezones, que construye su integridad moral con ladrillos tomados de su casa, de la escuela, del barrio, de la cuadrilla de iguales, sobre los cimientos de su ser: ¡sus genes! Su carga genética, que tampoco han elegido, obviamente, y con la que deben vivir toda su vida... Y ya no hay más. Soy lo que nací, y lo que voy construyendo; y si a mi alrededor no hay más que ladrillo cara vista color teja, mal lo tengo para insertar sillería en el pórtico o los alféizares. Y si a mi alrededor hay flores y sonrisas y música, pondré macetas a la entrada de mi casa, y un jardín de olor en la parte de atrás, para poder verlo cuando me siente al piano.

Por eso es tan importante que en algún trecho del camino podamos probar con otros materiales: azulejos de colores, papel pintado, apliques de bronce y molduras de escayola, vigas de madera o pilares de hormigón. Para esto sirve que las aulas sean diversas, que el profesorado sea un ejemplo con su práctica docente, que toda la comunidad educativa muestre distintos caminos, alternativas a lo que ninguna niña, ningún niño, ninguno de nosotros ha elegido nunca: su familia, su hogar, su barrio y sus cromosomas.

Cada una, cada uno, debe jugar sus cartas, unas cartas que le han sido dadas, y jugarlas lo mejor posible. Pero las reglas del juego deben ser explícitas, y explicitadas cada vez que queremos que alguien juegue su baza, porque no todos tenemos el mismo acceso a esas reglas, ni a las palabras con que se escriben. Una vez más, no todos se sientan a la mesa de juego con las mismas jugadas disponibles, y la justicia, la equidad en la educación, está en conseguir que todos los jugadores y jugadoras tengan ocasión de jugar limpio consigo mismos. Sólo a los adultos crecidos en un sistema que compense la injusticia y la desigualdad podremos exigirnos responsabilidades los unos a los otros, de igual a igual.

No soporto oir hablar de estos niños y niñas, adolescentes, como si fuéramos nosotros, porque nosotros ya hace tiempo que podemos elegir hacerlo bien. Y no siempre lo elegimos.



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lunes 19 de diciembre de 2011

MEDIR PARA SABER, SABER PARA SER LIBRE.



Imágen: http://www.flickr.com/photos/40645538@N00/4564378252

Ayer leía sobre datos, en particular sobre la publicación de los resultados de las pruebas "diagnósticas" en la Comunidad de Madrid; y hoy vuelvo a leer sobre datos en su versión americana, en el Washington Post, sobre cómo los niños y niñas que tienen que hacer tests desde bien pequeños no están aprendiendo lo que deben. Y no me gusta lo que leo.

Yo soy una mujer educada en el calor de un hogar, y en el valor de la medida como herramienta de conocimiento. Escribo, leo, fotografío y canto, con pasión, pero si quiero manifestar algo sobre lo que me parece el mundo que me rodea, tiendo a ponerle la etiqueta de "hipótesis no contrastada", o "teoría basada en mi percepción subjetiva de los hechos", porque no tengo DATOS OBJETIVOS suficientes para formar un modelo que explique los hechos, y que sirva para predecir lo que ocurrirá. Creo en los DATOS, y no creo en las interpretaciones interesadas de los mismos. Por eso me gustaría decir, desde mi percepción subjetiva de la realidad, que:

1. Es muy importante que existan datos. Los datos reflejan una realidad. Medible. Dependiendo de lo que queramos medir, debemos obtener los datos de una u otra manera, extraer unos datos u otros. Que se hagan las preguntas erróneas, que los datos obtenidos no sean los buenos NO QUIERE DECIR QUE RECOGER DATOS SEA UNA FORMA ERRÓNEA DE OBTENER INFORMACIÓN, quiere decir que hay que afinar las preguntas, ajustarlas a lo que de verdad queremos saber, y no tolerar que se haga una lectura MERCENARIA de los datos.

2. La Administración Pública debe ser transparente a la Sociedad. Y las escuelas también. A la sociedad, a las familias. Todos debemos saber qué pasa en nuestras escuelas. Si eso hace que las ratas abandonen los barcos que se hunden, la solución no es dejar de medir. Medir sirve para mejorar. Aunque haya sinvergüenzas que utilicen los resultados para desviar los fondos de las escuelas públicas a las concertadas o privadas. PERO ESO NO QUIERE DECIR QUE NO DEBAMOS SABER. TODOS TENEMOS DERECHO A SABER, y no solo sobre la escuela. No caigamos en la trampa.

3. En este artículo http://www.washingtonpost.com/blogs/answer-sheet/post/i-am-a-bad-teacher/2011/04/20/AFEVNOLE_blog.html?tid=sm_btn_tw, que es el que me ha empujado a escribir esto, el autor, maestro, se hace algunas preguntas sobre su papel, se pregunta si es o no un bune maestro. Esto es fantástico, y demuestra que, probablemente, lo es. Pero también infiere que los niños y niñas dejan de aprender cosas importantes para aprender cómo se pasan pruebas diagnósticas (se refiere, particularmente, a estrategias para optimizar los resultados en un test en función de la forma en que va a ser calificado). Pero esto no sirve, es falsear el sistema. Si de verdad queremos saber lo que ocurre, no hay derecho que preparemos a los niños y niñas para que pasen una evaluación - porque lo que estamos haciendo es esconder si el maestro o maestra han ayudado a aprender, o si el cole ha cumplido. Eso es lo que pervierte: queremos que el alumnado HAGA BIEN LOS TESTS para que parezca que todos hemos hecho bien nuestro trabajo, y eso es un ERROR, y una FARSA. Nuestro objetivo debe seguir siendo que las niñas y niños aprendan, y deberíamos desear que exista un instrumento que nos permita conocer si realmente lo han hecho, a través de una evaluación de terceros. Y deberíamos estar ansiosos por tener la información de cómo ha ido cada año para nuestra escuela, a la que llevamos a nuestras hijas e hijos, o en la que enseñamos, las escuelas de nuestro barrio, las de toda la ciudad. Porque saber lo que estamos haciendo mal es la única forma de hacerlo bien. Si jugamos a hacer la trampa de enseñar a nuestras niñas y niños la mejor forma de pasar por el ojo de la aguja, somos nosotras, nosotros quienes estamos limitando su aprendizaje a lo que cabe por ese ojo.

4. Utilizar los datos para gestionar y para mejorar… no es lo mismo que utilizar los datos para penalizar. Pero EXISTEN realidades que saldrían a la luz, y que permaneciendo ocultas están haciendo un daño enorme a todo el sistema educativo. A toda la sociedad. ¿De qué tenemos miedo?

Me gustaría poner un ejemplo. Ya he dicho en algunos de mis posts anteriores que el equipo directivo de la escuela a la que va mi hijo este año está preocupado por lo que se conoce como el "achievement gap" que es la diferencia entre el promedio obtenido en los test de matemáticas y lectura/escritura por el alumnado blanco, de clase media, y el alumnado negro, hispano, etc., de bajos ingresos. Para eso sirven los datos. Para saber que, objetivamente, hay un problema que resolver, y que no termina de resolverse con las medidas que estamos adoptando. Que hay que probar más cosas, o con más intensidad. Pero la conclusión no ha sido"debemos ayudar más a los niños de bajos ingresos para que pasen las pruebas" sino "necesitamos implicar a sus familias, y a otras familias para que les presten apoyo en aquellas áreas en las que cada uno tiene más dificultades".

Un sistema de evaluación de resultados en base a pruebas no es lo mismo que un sistema de enseñanza basado en que el alumnado pase pruebas (y, por cierto, ¿no es esto lo que tenemos, solo que las pruebas las ponemos nosotros mismos?).

Si los resultados, acompañados de las subsiguientes medidas, y correspondientes mejoras, dan lugar a un recorte de los fondos públicos que se le otorgan al centro, EL PROBLEMA NO ESTÁ EN LOS DATOS, ESTÁ EN LA POLÍTICA, y los datos no son más que una excusa.

Entiendo que la tensión entre la escuela pública, que se hace cargo en sus centros de la educación de todos aquellos que quieran ir, y la concertada, que - de manera generalizada - ya se organiza para seleccionar a su alumnado, se verá acentuada por los resultados de unas pruebas diagnósticas que no tienen como objetivo ser una herramienta de mejora. Pero el problema NO SON LAS PRUEBAS.

El gobierno de Esperanza Aguirre, y posiblemente otros gobiernos, diseñarán y utilizarán las pruebas diagnósticas como les parezca, como convenga a sus intereses: seguramente, mal, y con objetivos bastardos. Pero eso no invalida el hecho de que para saber, para conocer la realidad, hay que medirla y evaluarla.