lunes, 25 de febrero de 2008

Mochileros

Como sabéis casi todos, tengo una hija estudiante de ESO en un centro público. El año pasado nos dimos cuenta de que su mochila, con la que acudía todos los días a clase, era tremendamente pesada. Mi hija puso una queja a través del sistema de calidad del Instituto, solicitando la instalación de taquillas, que le fue respondida con buen tono pero en sentido negativo.

Una semana después, tras muchas conversaciones con ella, entre nosotros, con algunos amigos... tomamos una determinación. Escribí una carta a la Dirección del Instituto, en la que explicaba nuestra decisión, los motivos para tomarla, y las consecuencias que esperábamos.

Aquí tenéis el texto (excluida la parte de presentación), que habla de algo más que del peso de la mochila, así que espero que nos de para unos cuantos temas de discusión.

Sé que estás al tanto de la preocupación de nuestra hija por el peso de su mochila, que ha manifestado de distintas formas, entre ellas, escribiendo una “queja/sugerencia” a través de los formularios al efecto, que fue recientemente respondida por ti .

Sus padres compartimos esta preocupación con ella. Aparte del motivo obvio (es nuestra hija, y su salud es importante para nosotros), trascienden a éste preocupaciones de índole más bien ideológica. Tenemos la convicción de que a ella, y a sus compañeros, se les exigen un conjunto de sacrificios de mayor o menor magnitud, que son absolutamente irrelevantes (así como innecesarios) para su formación. Un ejemplo es transportar a diario un promedio de 8 Kg a la espalda.

Para su educación, sin embargo, es muy importante que sus padres les alienten a cumplir estas exigencias, a la vez que les enseñan que no tienen que someterse a lo que consideran injusto, y que deben hacer lo que esté en su mano para cambiarlo, respetando las reglas y utilizando los mecanismos previstos para ello. Esta es la grandeza de la democracia.

Nuestra hija decidió iniciar su particular cruzada por la instalación de taquillas en el instituto, porque sus padres no lo hacían, a pesar de que en numerosas ocasiones habían manifestado su parecer, y su intención de solicitar al centro alguna medida al respecto.

Una vez recibió tu respuesta (una argumentada negativa), pusimos nuestros cerebros a trabajar. Analizamos el problema en sí, y sus posibles soluciones más inmediatas. Encontramos que, en efecto, tal y como respondiste, la alternativa de las taquillas o casilleros en las aulas paliaba en parte el problema, y que seguramente sería interesante ir incorporando algunos elementos que permitan que los estudiantes puedan dejar en el centro parte del material que utilizan con ciertas garantías. Pero el verdadero problema seguiría sin resolver.

Como ésta, todas las soluciones que se nos ocurrieron estaban en manos de terceros (los profesores, el centro, el Departamento de Educación, el Estado, las compañías editoriales...), puesto que este asunto no es más que un reflejo de algo mucho más grave desde nuestro punto de vista: hay demasiadas cosas que han cobrado más importancia en el sistema de formación y educación de los niños y jóvenes que los propios niños y jóvenes. Después de esta reflexión, estábamos en un callejón sin salida. ¡Casi caímos en la tentación de restarle importancia al problema porque no encontrábamos una solución!

Pero, a punto ya de claudicar, vimos una luz al final del camino. Sólo una luz débil, vacilante – una luz atenuada por las dudas... Los libros de texto pueden dejar de ser unidades inalterables, para convertirse en conjuntos (muy ordenados) de unidades temáticas, del tamaño que sea necesario para cada asignatura (un tema, una evaluación), con lo que ella sólo tendrá que transportar lo que necesite para seguir sus clases. Nosotros le ayudaremos a mantenerlo ordenado, hasta que aprenda a hacerlo por si misma, y hasta que encontremos un sistema sencillo para que el orden y el deterioro del material no sean un problema.

Nos ha costado mucho llegar a esta solución, porque hemos tenido que romper con muchos prejuicios acerca del valor de los libros, y el valor del dinero que han costado, el valor de no significarse y pasar inadvertido, de no parecer excéntrico... pero creemos que el valor de la enseñanza que supone para nuestra hija la experiencia de aportar un granito de arena a mejorar la sociedad en la que vive, incluso si fracasa en ello, está muy por encima de todos los otros valores.

Nosotros, con nuestros actos, podemos cambiar este y otros aspectos de la realidad que nos incomodan, que nos parecen poco razonables o innecesarios o injustos, aunque el cambio sólo vaya a repercutir en una pequeña parte de los que los sufren.

La solución ha estado, desde el principio, en nuestras manos, pero siempre es más fácil pensar que la pelota está en el tejado del otro... y este aprendizaje se extiende a muchos ámbitos de la vida

Sin duda, sería mucho mejor que los libros ya estuvieran concebidos para permitir un uso como el que proponemos, así que no esperamos que sea muy cómodo en los primeros momentos. Habrá que dar con el sistema más adecuado.

Le hemos comunicado al tutor de nuestra hija nuestras intenciones, con la idea de que debía conocerlas de antemano, para ponerlo en conocimiento del resto del profesorado del grupo si le parecía conveniente. Asi mismo le hemos anunciado también que daríamos explicaciones más extensas a la Dirección del Centro y a la APYMA.

Somos conscientes de que ninguna de las cartas es estrictamente necesaria, pero confiamos en que nuestro proceder contribuya a alimentar el clima de reflexión por parte de todos que necesita, en nuestra opinión, la enseñanza en general, y la enseñanza pública en particular, aunque sea desde un síntoma menor del deterioro de ambas.

Por favor, considera esta carta como una manifestación de nuestra inequívoca voluntad de mejorar un servicio público en el que hemos depositado nuestra confianza para una misión tan relevante como la educación de nuestros hijos.

Estamos a tu disposición para cualquier duda o aclaración que necesites.

Recibe un cordial saludo


Así que, ya véis, los libros descuartizados, y la espalda de momento va librando. Pero, sobre todas las cosas, ¡un poquito de revolución cada vez que haya ocasión...!

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