viernes, 16 de mayo de 2008

Inesperadas risas

La vida está llena de pequeñas anécotas que nos pueden hacer sonreir o llorar, todo depende de quién las cuente, de quién las sufra...

Dos compañeras de trabajo van juntas a un curso de la empresa a otra ciudad. Son dos compañeras, sin más, que no se llevan especialmente bien, pero se conocen desde hace años, y han tenido que viajar juntas en más de una ocasión. Una de ellas, la más joven, recuerda de pronto que tiene un concido en la ciudad, alguien a quien conoce poco pero que le resultó divertido y cercano en cierta ocasión. Así que, ante una inesperada posibilidad de cita, se compra unas bragas en una boutique del aeropuerto...aunque inesperada la cita, e improbable el destape, hay que estar preparada para un eventual polvo, que tampoco andamos sobradas...

La primera noche, dolor de cabeza, y noche toledana, hasta las tres de la mañana sin poder dormir, porque hay que compartir habitación con la compañera, y compartir también sus inquietudes, su insomnio, su felicidad conyugal... en fin, lo que toque, que para eso somos compañeras, y tampoco es cuestión de ser borde.

A la mañana siguiente, hecha un cuadro, a aguantar unas cuantas interesantísimas charlas, justo lo necesario para no dar más de diez o doce cabezadas, y luego, un poco de práctica. En plena vorágine de explicaciones y demostraciones sobre los maravillosos nuevos productos que presenta la empresa, suenan en su móvil un par de llamadas a las que no contesta, porque hay demasiada gente alrededor, porque tiene las manos ocupadas,... y finalmente recibe el hilarante mensaje de su hipotética cita haciéndole participe de la surrealista situación: s no cgs l tlfno, wapa, dfclmnt pdrems kdar... (casi ni una vocal, pero eso sí, todos los adverbios). Me imagino la situación (¿vosotros no?), la compañera, tan discreta, tan colega, "y ¿quién era?", "qué pesadez, ¿no?", "bueno, y ¿no lo coges, o qué?", "Hay mira, un mensaje te ha entrado (asomándose ostensiblemente por encima de su hombro para ver si pispa algo)". Uff, qué agobio, la líbido ya por los suelos, el dolor de cabeza como un taladro...

La wapa se ríe, por primera vez en el viaje, con esta bocanada de aire limpio y fresco, responde con un mensaje, de socorro seguramente, pero ese es un matiz difícil de apreciar... y ahí quedan las bragas nuevas sin estrenar...de momento...

Puede volver a casa y contar que se ha aburrido, o que ha triunfado, o simplemente que ya está de vuelta, pero tengo la certeza de que se ha limitado a sobrevivir.

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