jueves, 15 de mayo de 2008

Una noche estrellada

Las estrellas brillan sobre mi cabeza. La noche es cálida y bajo mi cuerpo la hierba aplastada y húmeda me refresca. Todo rastro de luz artificial está bien lejos, y puedo ver con claridad la Vía Láctea, una mancha borrosa y blanquecina... No puedo ignorar lo que es, lo que representa, la improbable casualidad de nuestra existencia, toda esta infinita cadena de casualidades que nos ha conducido a observar la Vía Láctea sin poder ignorar lo que es...

Así tumbada, me pregunto con pesadumbre sobre mi capacidad para ser feliz y hacer felices a los demás, como podría estar preguntándome si se dará bien la cacería de mañana, o si la semillas que planté hace unos meses germinarán con el tiempo tan seco que ha hecho estos meses...¿podré vender en el mercado todos los quesos?... mañana debo estar temprano en la plaza para coger buen sitio y que me vea el capataz, ya hace lo menos una semana que no me elige...y así durante más de 2.000.000 años... Qué trivialidad, con el estómago lleno, me resulta muy fácil sentir un hueco en el espíritu.

Si vuelvo a abrir los ojos, vuelvo a ver las estrellas, y como iba diciendo, me doy cuenta de que podría calcular cuántos años hace que se emitió ese destello la punta del cinturón de Orión, hasta podría proyectar una nave que se acerque un poco, pero tal cantidad de conocimiento no me saca de mis dudas más dolorosas: ¿tengo derecho a ser feliz? ...Y, si no lo consigo, ¿será mi responsabilidad?, ¿tengo yo el control sobre lo que siento, lo que hago, lo que digo, lo que me hace sufrir y lo que no, o sobre la idea de la felicidad que he compuesto o fabricado o adquirido, y que subyace a la frustración por no alcanzar las espectativas?

Me dejo llevar por esta imagen plácida,
mi cuerpo reposando sobre la hierba fresca,
la noche que envuelve la inmensidad del todo,
en algún sitio, lejos, el mar se oye golpeando
unas rocas milenarias que se dehacen sumisas
al paso inexorable del tiempo que nos une
en esta noche llena de estrellas indecisas
que brillan para nosotros aunque tal vez no existen...
Quiero pensar que a veces estoy justo donde quiero,
justo donde he elegido, porque... he elegido... ¿verdad?
vuelvo a preguntarme, incansable, insatisfecha.
Es posible que hiciera alguna elección hace tiempo,
y que haya seguido el camino marcado,
sin embargo me parece más probable que haya ido
eligiendo cada hora, cada minuto, cada segundo...
...el mismo camino, unas veces por inercia y otras
por convicción. Quiero que sea cierto que aún tengo elección.
Que cada día que pasa puedo construir mi vida,
mi proyecto artesano, mi castillo de arena...
...que podré tumbarme siempre en una pradera verde
con la noche alrededor y la Vía Láctea encima
a pensar si soy feliz, si puedo llegar a serlo...
...que podré dejarme llevar sobre este ritmo infantil
hasta el sueño de estar plácidamente tumbada en una pradera verde...

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