sábado, 1 de marzo de 2008

¿Quién es más importante, tú o yo?

Tengo la mala costumbre de disfrutar con las películas ñoñas. Pero, en ocasiones, me sorprendo encontrando contenidos valiosos en algunas de ellas. Un ejemplo es la película Ponte en mi lugar (Freaky Friday). La madre (fabulosamente interpretada por Jamie Lee Curtis) y la hija (Lindsay Lohan) tenían simultáneamente dos eventos muy importantes en sus respectivas vidas, y las visiones eran tan diferentes... Para la madre era evidente que su “suceso” – se casaba por segunda vez - era importante a nivel familiar, y por supuesto que lo era, pero no dejaba de ser algo personal. Sin embargo la hija tenía claro que su asunto (un concierto que iba a dar el grupo musical en el que tocaba la guitarra) era personal, sin ningún género de dudas para ella; pero a diferencia de su madre, percibía con claridad el conflicto de intereses, y la imposibilidad de competir con la boda de la madre.

Toda esta trama me hizo pensar en lo difícil que nos resulta aceptar que nuestros hijos SON realidades diferenciadas de nosotros, aunque el despegue empieza muy pronto, cuando van a la escuela por primera vez, o cuando tienen los primeros amigos que no son hijos de tus amigos... sólo son los primeros síntomas de un proceso que continúa a lo largo de toda su vida, y de toda nuestra vida: el proceso de hacernos personas, con nuestros propios intereses y convicciones, nuestras propias ideas sobre lo que está bien y lo que está mal, nuestro propio camino para ser mejores... A los padres (ahora somos nosotros) nos queda apoyarles durante el camino, enseñarles valores como la tolerancia o el respeto o la comprensión o el amor y la amistad desinteresados, TOLERANDO, RESPETANDO, COMPRENDIENDO Y AMANDO a nuestros hijos enteros.

Esto quiere decir que, cuando tratamos de imponer nuestro criterio, no tratamos de imponer lo Correcto, lo Bueno, la Verdad – que sabemos de sobra que no son objeto de imposición -, sólo se trata de algo que nos parece importante, que nos afecta, que deseamos... nuestras verdades, con minúsculas. Sólo se trata de un conflicto de intereses. Si somos capaces de recordar, en esos momentos, que están aprendiendo a volar por si mismos, exactamente como les hemos enseñado, entonces veremos que en realidad, sus intereses son también los nuestros ...

Y, por cierto, en cuanto a lo Correcto, lo Bueno, la Verdad... no necesitamos imponerlo, nuestros hijos ya conocen nuestra posición ante la mayor parte de las situaciones en que nos pone la vida, y posiblemente se esfuerzan en entenderla, pero no siempre estarán de acuerdo, no siempre compartirán nuestro punto de vista, precisamente porque muchos de nosotros nos hemos esforzado por que busquen y encuentren sus propias claves para interpretar la vida.

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