sábado, 15 de marzo de 2008

La primavera ha llegado....

Me contagio con esta explosión de vida, porque yo misma soy materia viva, todas mis células responden al calor del sol. Me quedo extasiada mirando los brotes verdes en las ramas de los árboles, que se yergen verticales hacia un cielo de un azul increíble...el cielo azul que contrasta al fondo, azul brillante de las mañanas de primavera. Sólo una raya blanca de queroseno quemado lo atraviesa de parte a parte... Camino a orillas del Sadar, a enfrentarme a un incierto destino laboral, y mis pilas se cargan con esta imagen pletórica de energía, llena de magia. El Sadar estará, seguro, tan sucio como siempre, pero las hierbas recién crecidas en las márgenes tapan la mugre con su brillo de verde nuevo, y hasta una pareja de patos ha anidado en la orilla...
La naturaleza tiene una belleza primigenia, que conecta de una forma salvaje con algún rincon ancestral de nuestra mente, que nos arrastra en su explosión de vida y nos sobrecoge, imponente, desatando este éxtasis atávico que tan fácilmente se confunde con espiritualidad, y que no es más que la pura esencia de la biología...

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