martes, 2 de noviembre de 2010

Una historia de amor...



Una historia de amor es como un edificio.

Al principio, cuando se entrega la obra, está flamante, limpio, cada elemento funciona, las puertas y ventanas encajan, aunque a veces es necesario hacer pequeños ajustes.

Cada propietario toma posesión de su espacio, y lo adapta a su gusto: lo hace más o menos bello, más o menos funcional, lo utiliza más o menos... Lo llena de cachivaches inútiles o lo amuebla con lo imprescindible. Esa fase es intensa, porque se construye y se planifica sin descanso.

Pasado ese primer tiempo de creación y adaptación, y si la construcción es de buena calidad, los habitantes del edificio simplemente lo viven y, si son considerados o responsables o previsores, lo cuidan. Cada año que pasa, se encuentran más cómodos, más en su casa. Es una etapa de tranquilidad, casi no hay que ocuparse de nada, porque cada elemento está en su período de funcionamiento óptimo.

Pero poco a poco, aparecen los primeros fallos... un grifo que gotea, una grieta en la pared, una ventana que no cierra bien, una puerta que hace ruido... Cada propietario tendrá su propio criterio para invertir más o menos esfuerzo, tiempo, dinero en reparar los pequeños desperfectos, que a medida que pasa el tiempo, van siendo de mayor envergadura...

Unas viviendas se deterioran más que otras, y la fachada del edificio presenta generalmente el mismo aspecto que la mayoría de las casas que contiene... Van apareciendo desconchones en las paredes, algún cable se descuelga, las bajantes y los canalones pierden lustre, incluso se desconectan... Pero si se van tomando las medidas adecuadas, si se van reparando los desperfectos a tiempo, si no se posponen las decisiones relativas a su cuidado, si no se escatiman medios, el edificio envejecerá dignamente, protegiendo del frío y de la lluvia, y de la hostilidad del exterior a las personas que lo habitan.

Por el contrario, si se acumulan los rotos y las disfunciones, si nadie se ocupa ya de apretar los tornillos que han quedado flojos con el uso o con el paso del tiempo, si la pintura pierde su color y se cae a trozos el estuco, pero nadie llama a los pintores, el edificio pierde su cualidad de refugio, de hogar, y perderá también a sus inquilinos. Irá, lentamente, desmoronándose, para acabar siendo una ruina deshabitada.

Si la construcción es buena, como dije, esto ocurrirá más tarde que temprano, pero ocurrirá igual.

Sí... una historia de amor es como un edificio.

(la foto se titula "de Raad, backside demolition", de docman)

lunes, 1 de noviembre de 2010

Para la libertad... ponerse las pilas


Si yo hubiera ido a este concierto, me habrían durado las fuerzas años...

Me parece perfecto como "alcaselser" para la resaca del homenaje de ayer: ¡adelante, adelante, adelante!

sábado, 30 de octubre de 2010

Miguel Hernández, poeta (1910-1942)



Recupero este post que publiqué en http://nicolasaquidman.tumblr.com hace unos meses, para participar en la celebración 2.0 del centenario del nacimiento de Miguel:

Miguel Hernández, poeta (1910-1942)

Miguel estuvo pocos años entre nosotros, 31, de los cuáles paso los últimos en la cárcel. Tuvo un hijo al que apenas conoció. Y cultivó mariposas.

Su poesía es sin duda el deseo de volar por encima de las limitaciones no elegidas: la cultura, la educación, la posición. El vuelo de Miguel me deja boquiabierta cada vez que releo cualquiera de sus versos: por suerte para nosotros, Miguel aprendió a volar porque era lo que quería, y nos dejó el planeta lleno de amor y lágrimas de rabia con su batir de alas.

Miguel fue una mariposa atrapada entre barrotes por el fascismo, la ingnorancia, la estupidez, la guerra. Y pese a todo, su vuelo desde la cárcel fue posible gracias a Josefina, su compañera, que nos trajo su poesía alada al otro lado de los muros de la cárcel.

Miguel es aún la mariposa enorme que quiere transportar entre sus alas el grito de los hombres y mujeres encadenados. No importa lo que negocien su familia, su pueblo o su país. Sus mariposas son nuestras, desde el día en que las lanzó al vuelo.

Su biografía en wikipedia

Mucha de su obra aquí

Una pequeña muestra de su impactante sencillez:

Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos,
que son dos hormigueros solitarios,
y son mis manos sin las tuyas varios
intratables espinos a manojos..

No me encuentro los labios sin tus rojos,
que me llenan de dulces campanarios,
sin ti mis pensamientos son calvarios
criando nardos y agostando hinojos.

No sé qué es de mi oreja sin tu acento,
ni hacia qué polo yerro sin tu estrella,
y mi voz sin tu trato se afemina.

Los olores persigo de tu viento
y la olvidada imagen de tu huella,
que en ti principia, amor, y en mí termina.

(la foto es de aquí http://www.flickr.com/photos/lupusphotos/)

viernes, 22 de octubre de 2010

La parábola del ticket de la O.T.A. (u O.R.A.)


Qué sucia es alguna gente, que tira papeles al suelo… Vaya, es un ticket de la O.T.A, pisado, del revés, hmmmm. A la velocidad de la luz, más o menos, lo recojo, pensando que si es del anterior coche, tal vez le queden unos minutillos… justo los que yo necesito para comprar en la librería de enfrente. ¡Oooops! Qué sorpresa, el ticket es de hoy, y acaba dentro de un cuarto de hora.

(Seguro que tenéis muchas anécdotas en las que algo objetivamente malo puede transformarse en un golpe de suerte con un mínimo esfuerzo esperanzado. ¿Os animáis a escribirlas en los comentarios?)