sábado, 9 de octubre de 2010

APRENDER A CONVIVIR


Ayer regresó mi hija del instituto, contenta porque va a participar en el Torneo de Debate de Bachillerato

De forma muy resumida, es una competición en la que:

- se participa por equipos

- cada miembro del equipo tiene un papel definido y rotatorio (capitanear, investigar y defender oralmente los argumentos del grupo)

- el tema suele ser de actualidad, y viene dado por la organización

- la postura a defender (a favor o en contra) NO se elige: se sortea 30 minutos antes del comienzo del debate

Aunque en el precioso y creativo post de @senovilla_jfs, el autor aborda el problema de la CONVIVENCIA desde el punto de vista emocional, importantísimo y en los cimientos de la solución, me gustaría enfocar mi post desde un ángulo diferente: el de las competencias básicas.

Viendo la escueta lista de reglas básicas del Torneo, pienso en el proceso que debe seguir cada equipo para prepararse:

  1. Antes de conocer el tema, deberán comprender las normas del Torneo, establecer un método de trabajo, analizar en que consiste cada uno de los roles… sobre esto ya empezará a haber diferentes opiniones, que deberán aceptar, porque necesariamente tendrán que trabajar juntos para conseguir un mismo objetivo. Sin duda estamos trabajando las competencias básicas. Y vamos aprendiendo a convivir.
  2. Cuando conozcan el tema a debatir, se producirá, seguro, un primer intercambio de opiniones, que no serán necesariamente iguales. Tendrán que profundizar en el conocimiento del mismo, buscando y analizando información, contrastando fuentes, organizando argumentos a favor y en contra… Su comprensión del problema planteado será ENORME, por no decir completa, y abarcará no solo el concepto o idea original, sino gran parte de las consecuencias, positivas y negativas que otras personas, expertos, organizaciones, etc. han valorado. Y a partir de su análisis de toda esta información, tanto objetiva como subjetiva, aparecerán sus propias reflexiones, su propia generación de conocimiento. Seguimos adquiriendo competencias básicas. Y estamos mejorando nuestra capacidad de convivir.
  3. Tendrán que comunicarse los resultados de su trabajo de investigación y reflexión, transmitirse las ideas recogidas y elaboradas durante el proceso, comprender la información que reciben, y encontrar la manera de distanciarse emocionalmente de los argumentos para proporcionar los distintos puntos de vista sin ofender, y aceptar sin ofenderse aquellos que vengan del resto… A estas alturas somos muy competentes, en competencias básicas, y en otras no tan básicas. Y estamos a punto de poder convivir sin problemas…
  4. Por fin, sabrán qué postura deben defender como equipo. Y para ganar, deberán hacer suyos los discursos más sólidos y convincentes, los argumentos más elaborados, tanto si están de acuerdo como si no lo están. Entenderán los entresijos del pensamiento contrario y propio, tanto como para ser capaces de volcarse enardecidamente a la defensa de algo que, posiblemente, contradice sus más íntimas convicciones. En este momento, somos seres humanos competentes, y la convivencia pacífica y empática está entre los valores más altos de nuestra escala.


Tal vez me equivoco, pero creo que es algo insólito que una persona aprenda a reflexionar por si sola sobre material externo, y no solo “interno” (sus propias ideas y preconceptos), y aún más raro que aprenda a reflexionar “en equipo”. La práctica del debate como ejercicio me parece extremadamente provechosa para el desarrollo de las competencias básicas en todos los niveles de enseñanza, en todos los ámbitos del conocimiento.

Mi reflexión sobre la convivencia, aunque impuntual, es de gran alcance: a convivir no sólo se aprende conviviendo, sino “metaconviviendo”: desarrollando desde edades tempranas actividades que faciliten y promuevan la reflexión sobre las diferencias, practicando las actitudes necesarias para que nuestro respeto hacia estas diferencias sea real y visible por los demás.

La capacidad de reflexionar, en mayor o menor profundidad, sobre cualquier hecho de nuestra vida, puede adquirirse a través de la práctica. Cuando pensamos acerca de una cuestión, tratando de tomar una decisión bien fundada para posicionarnos o para actuar, necesitamos investigar, leer sobre las distintas posturas que adoptan otras personas, analizar los argumentos que esgrimen… En este recorrido por el conocimiento y la opinión ajenos, encontramos explicaciones que se ajustan a nuestro modo de entender la vida, de vivirla, y otras que nos parecen insostenibles, cínicas, o simplemente no aceptables desde nuestro código ético. Pero hemos realizado ese viaje, y todo lo que hemos recogido nos sirve para confirmar, cada vez, que existen personas a nuestro alrededor que VIVEN, SIENTEN y PIENSAN de manera DIFERENTE a la nuestra.

Podemos optar por dar la espalda a esta realidad, considerar que es una desventaja de la sociedad actual que queremos evitar construyendo muros a nuestro alrededor.

O podemos aceptar el desafío de crecer continuamente como personas, a través del ejercicio persistente de nuestro libre albedrío, reflexivo e informado, y hacer que nuestra sociedad crezca con nosotras y nosotros, para convertirla en el marco en el que TODOS y TODAS queremos (con)vivir.

(la foto es de Juan F. Morillo, disponible en el Banco de Imágenes del ITE)

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