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lunes, 19 de diciembre de 2011

MEDIR PARA SABER, SABER PARA SER LIBRE.



Imágen: http://www.flickr.com/photos/40645538@N00/4564378252

Ayer leía sobre datos, en particular sobre la publicación de los resultados de las pruebas "diagnósticas" en la Comunidad de Madrid; y hoy vuelvo a leer sobre datos en su versión americana, en el Washington Post, sobre cómo los niños y niñas que tienen que hacer tests desde bien pequeños no están aprendiendo lo que deben. Y no me gusta lo que leo.

Yo soy una mujer educada en el calor de un hogar, y en el valor de la medida como herramienta de conocimiento. Escribo, leo, fotografío y canto, con pasión, pero si quiero manifestar algo sobre lo que me parece el mundo que me rodea, tiendo a ponerle la etiqueta de "hipótesis no contrastada", o "teoría basada en mi percepción subjetiva de los hechos", porque no tengo DATOS OBJETIVOS suficientes para formar un modelo que explique los hechos, y que sirva para predecir lo que ocurrirá. Creo en los DATOS, y no creo en las interpretaciones interesadas de los mismos. Por eso me gustaría decir, desde mi percepción subjetiva de la realidad, que:

1. Es muy importante que existan datos. Los datos reflejan una realidad. Medible. Dependiendo de lo que queramos medir, debemos obtener los datos de una u otra manera, extraer unos datos u otros. Que se hagan las preguntas erróneas, que los datos obtenidos no sean los buenos NO QUIERE DECIR QUE RECOGER DATOS SEA UNA FORMA ERRÓNEA DE OBTENER INFORMACIÓN, quiere decir que hay que afinar las preguntas, ajustarlas a lo que de verdad queremos saber, y no tolerar que se haga una lectura MERCENARIA de los datos.

2. La Administración Pública debe ser transparente a la Sociedad. Y las escuelas también. A la sociedad, a las familias. Todos debemos saber qué pasa en nuestras escuelas. Si eso hace que las ratas abandonen los barcos que se hunden, la solución no es dejar de medir. Medir sirve para mejorar. Aunque haya sinvergüenzas que utilicen los resultados para desviar los fondos de las escuelas públicas a las concertadas o privadas. PERO ESO NO QUIERE DECIR QUE NO DEBAMOS SABER. TODOS TENEMOS DERECHO A SABER, y no solo sobre la escuela. No caigamos en la trampa.

3. En este artículo http://www.washingtonpost.com/blogs/answer-sheet/post/i-am-a-bad-teacher/2011/04/20/AFEVNOLE_blog.html?tid=sm_btn_tw, que es el que me ha empujado a escribir esto, el autor, maestro, se hace algunas preguntas sobre su papel, se pregunta si es o no un bune maestro. Esto es fantástico, y demuestra que, probablemente, lo es. Pero también infiere que los niños y niñas dejan de aprender cosas importantes para aprender cómo se pasan pruebas diagnósticas (se refiere, particularmente, a estrategias para optimizar los resultados en un test en función de la forma en que va a ser calificado). Pero esto no sirve, es falsear el sistema. Si de verdad queremos saber lo que ocurre, no hay derecho que preparemos a los niños y niñas para que pasen una evaluación - porque lo que estamos haciendo es esconder si el maestro o maestra han ayudado a aprender, o si el cole ha cumplido. Eso es lo que pervierte: queremos que el alumnado HAGA BIEN LOS TESTS para que parezca que todos hemos hecho bien nuestro trabajo, y eso es un ERROR, y una FARSA. Nuestro objetivo debe seguir siendo que las niñas y niños aprendan, y deberíamos desear que exista un instrumento que nos permita conocer si realmente lo han hecho, a través de una evaluación de terceros. Y deberíamos estar ansiosos por tener la información de cómo ha ido cada año para nuestra escuela, a la que llevamos a nuestras hijas e hijos, o en la que enseñamos, las escuelas de nuestro barrio, las de toda la ciudad. Porque saber lo que estamos haciendo mal es la única forma de hacerlo bien. Si jugamos a hacer la trampa de enseñar a nuestras niñas y niños la mejor forma de pasar por el ojo de la aguja, somos nosotras, nosotros quienes estamos limitando su aprendizaje a lo que cabe por ese ojo.

4. Utilizar los datos para gestionar y para mejorar… no es lo mismo que utilizar los datos para penalizar. Pero EXISTEN realidades que saldrían a la luz, y que permaneciendo ocultas están haciendo un daño enorme a todo el sistema educativo. A toda la sociedad. ¿De qué tenemos miedo?

Me gustaría poner un ejemplo. Ya he dicho en algunos de mis posts anteriores que el equipo directivo de la escuela a la que va mi hijo este año está preocupado por lo que se conoce como el "achievement gap" que es la diferencia entre el promedio obtenido en los test de matemáticas y lectura/escritura por el alumnado blanco, de clase media, y el alumnado negro, hispano, etc., de bajos ingresos. Para eso sirven los datos. Para saber que, objetivamente, hay un problema que resolver, y que no termina de resolverse con las medidas que estamos adoptando. Que hay que probar más cosas, o con más intensidad. Pero la conclusión no ha sido"debemos ayudar más a los niños de bajos ingresos para que pasen las pruebas" sino "necesitamos implicar a sus familias, y a otras familias para que les presten apoyo en aquellas áreas en las que cada uno tiene más dificultades".

Un sistema de evaluación de resultados en base a pruebas no es lo mismo que un sistema de enseñanza basado en que el alumnado pase pruebas (y, por cierto, ¿no es esto lo que tenemos, solo que las pruebas las ponemos nosotros mismos?).

Si los resultados, acompañados de las subsiguientes medidas, y correspondientes mejoras, dan lugar a un recorte de los fondos públicos que se le otorgan al centro, EL PROBLEMA NO ESTÁ EN LOS DATOS, ESTÁ EN LA POLÍTICA, y los datos no son más que una excusa.

Entiendo que la tensión entre la escuela pública, que se hace cargo en sus centros de la educación de todos aquellos que quieran ir, y la concertada, que - de manera generalizada - ya se organiza para seleccionar a su alumnado, se verá acentuada por los resultados de unas pruebas diagnósticas que no tienen como objetivo ser una herramienta de mejora. Pero el problema NO SON LAS PRUEBAS.

El gobierno de Esperanza Aguirre, y posiblemente otros gobiernos, diseñarán y utilizarán las pruebas diagnósticas como les parezca, como convenga a sus intereses: seguramente, mal, y con objetivos bastardos. Pero eso no invalida el hecho de que para saber, para conocer la realidad, hay que medirla y evaluarla.


jueves, 7 de abril de 2011

DE IDEAS, DE PALABRAS, Y DE INCOMPRENSIBLES ADOLESCENTES

Esfuerzo, dedicación, sufrimiento, sacrificio, voluntad, compromiso…

Me preocupan los conflictos terminológicos que nos gastamos últimamente... Resumen: ¿de verdad creéis que todas esas palabras están en el mismo paquete, y que hay que sufrir para aprender?

Me gustaría que hiciéramos todos una pequeña reflexión (o grande) sobre cómo estudiamos, cómo aprendimos lo que sabemos. ¿Con qué cosas sufrimos cuando estábamos en la escuela o el instituto? ¿Sufrimos por el esfuerzo?¿Sufrimos por el desinterés? ¿Sufrimos con lo que no nos interesaba porque nuestra meta estaba clara?

¿Podemos hablar de sacrificio cuando lo que hacemos era estrictamente para nuestro beneficio personal? Y si es así, ¿qué valor moral tiene eso? ¿No deberíamos hablar, más bien de compromiso con nuestro proyecto vital? ¿Y a qué se debe que las personas adolescentes no encuentren un proyecto con el que comprometerse? ¿Es de nacimiento? ¿Es que ellas mismas lo han elegido, ya han forjado una personalidad gandula y poco entusiasta en el tiempo que llevan viviendo?

No me gusta cuando oigo que al alumnado de ahora no le gusta esforzarse, no entienden que sin sacrificio y abnegación no se llega a ningún lado… Analicemos esto un poco, con honestidad, que es lo que siempre os pido:

1. En primer lugar, he oído a profesorado de secundaria quejarse del alumnado de 1º y 2º de eso, comparando con… ¿con quiénes? Esos niños y niñas estaban en la escuela, con una adolescencia ya imparable… Por citar algún ejemplo, puedo citar mi propia clase de 8º EGB (13 años): durante ese curso, nos escapábamos en el recreo a la calle, para echar un pito o un peta, comprar galletas o patatas fritas en el super, y hacer unas risas a costa de Don Ramón o Doña Charo… Mi amiga Paz se quedó embarazada. Había expulsiones, y capones, y castigos… y de esto hace unos 30 años… Yo creo que no éramos diferentes. Solo éramos nosotras, nosotros, y nos tenemos en gran estima, además de querernos… ¿no?

2. ¿Acaso a vosotros os gustaba esforzaros? A mí, solo para lo que me interesaba. Para lo demás, la Máster Card: esto es, lo suficiente para pasar el escalón y acceder al siguiente. He sufrido con todo lo que no he conseguido que me entretenga, o mejor dicho, que me desafíe intelectualmente, o emocionalmente: hacer esta integral o ligarme a ese tío o convencer a mi rival en la discusión de turno. Así, al mismo nivel. En mi adolescencia siempre sentí que tenía delante retos… o muermos. Pero digamos que fui capaz de sobrevolar por encima de los muermos con las alas de los retos ¿Pueden decir esto nuestras alumnas y alumnos? ¿Tienen retos que les den alas? ¿O lo que se les ofrece, en la sociedad, en la escuela, en casa, es un muermo?

3. Cuando estabais estudiando, digamos… latín, por poner un ejemplo (para mí fue terrible, pero para muchos de mis compañeros y compañeras eran la física, la química, o las matemáticas), ¿pensabais “voy a sacrificarme, porque el dolor de estudiar las declinaciones me hará grande”, o por el contrario, tratabais de pasar el trago lo más rápidamente posible?¿Son el sufrimiento, el sacrificio y la abnegación, valores en sí mismos, o son instrumentos para alcanzar lo que una se propone? ¿Podríamos decir que cualquier estrategia personal podría valer? ¿Podíamos hablar, de forma genérica, de motivación? Interna, externa… es el motor que mueve el mundo (junto con la Máster Card): no hablo de hacer circo o malabares, sino de encender una chispa. Ser bujía. Y cada motor prenderá cuando esté preparado.

Todavía no he hablado de pedagogía. Sin ánimo de ofender a los estudiosos, ni de negar su utilidad o su importancia. Ni de metodología. No me ha hecho falta hacerlo. En este punto estoy hablando de personas. He hablado de empatía, ya sabéis, ponerse en el lugar del otro; y de memoria. Sí, de memoria (las personas adultas no crecemos en los árboles) acompañada de reflexión sobre las propias vivencias (esto ayuda, a su vez, a la empatía), sobre lo que éramos o no éramos capaces de hacer, sentir, expresar, aguantar… y de lo que eso significó en nuestra trayectoria, académica, afectiva, vital…

Quería hablar de unas pocas palabras que me recuerdan a otros tiempos, en lo bueno y en lo malo, de unas palabras que van adquiriendo otro significado, por que el marco cultural en el que se enuncian también ha cambiado. Es un marco en el que entran en juego palabras nuevas: diversidad, inclusividad, sostenibilidad, tecnología, cooperación, inmigración, multiculturalidad, globalización… un marco en el que en vez de ir a misa los domingos, se va al centro de la tercera edad a hablar con los ancianos que pasan allí los últimos días de su vida, a conducir ambulancias para recoger papillas humanas de las carreteras, o a recuperar un centro de comunicaciones destrozado por un tsunami. Son los mismos, las mismas, jóvenes que a los 13 años parecían el enemigo… pero solo lo parecían.

Solo hay que dar tiempo a que maduren, a que sean capaces de tomar las riendas de sus propias vidas. Y entre tanto, podemos echar una mano… o rasgarnos las vestiduras.

Personalmente, prefiero echar una mano, y de paso, disfrutar viendo como crecen.

Créditos de las imágenes:

- Fotocomposición encontrada en http://library2.usask.ca/~fichter/blog_on_the_side/2007/10/vision-of-students-today-michael-wesch.html, a partir de imágenes de whateva87,sweetpea.loty30, Hari Bilalic, El Negro Magnifico via flickr (Creative Commons license)

- Voluntarios retirando chapapote, sin créditos :( pero de aquí

- de EFE (en Yahoo)

lunes, 11 de octubre de 2010

ESCUELA Y CONCILIACIÓN (I)



Miguel, en su blog Desde la azotea abrió ayer un debate que levanta pasiones entre los distintos actores de la educación: la existencia de servicios "extraescolares" que prolongan la jornada de los niños y las niñas, llegando a situaciones que desde su punto de vista (y el de muchas otras personas) son muy inconvenientes, e incluso perjudiciales para ellos y ellas.

En los comentarios se aportan matices y cuestiones que enriquecen el análisis de estas situaciones, incluidas algunas experiencias personales, además de las opiniones de varios profesionales. Mi contribución apostaba por dos líneas de ataque: la intervención de los servicios sociales, en un concepto ampliado de ESCUELA y la necesidad de enfocar el problema como social para implementar soluciones lo más cerca posible del epicentro.

Me gustaría mejorar y profundizar un poco más mi aportación al debate sobre escuela y conciliación, porque algunos aspectos del mismo me parecen muy relevantes y creo que están poco desarrollados.

(La introducción de los párrafos anteriores la escribo varias horas más tarde porque alguien próximo me dice que no se entiende nada si no estás en el ajo)

El juicio moral que nos merece la reacción de las personas a una situación adversa es una cosa, y las soluciones paliativas deben ser independientes, son otra cosa. Por poner un ejemplo: tal vez la crisis de los años 90 no nos llevo a arrojarnos en brazos del caballo, y nos puede parecer que las personas que lo abrazaron debían de haber reaccionado de otra manera ante sus problemas (paro, falta de formación y de oportunidades, falta de lugares donde disfrutar de su ocio), pero no por ello se suprimen los programas de metadona. NADIE pensó que la manera de acabar con el consumo de heroína pasaba por suprimir estos programas, que ayudaban a que los adictos (enfermos) estuvieran más controlados, en cuanto a su salud (siempre precaria): su alimentación, su higiene, etc.

Podemos preguntarnos qué es lo que ha acabado con un consumo visible de la heroína, y yo apostaría (no tengo pruebas ni documentación) por que uno de los factores esenciales es la educación sanitaria de la población en general, y de los niños y jóvenes en particular, sobre el consumo de drogas y la transmisión del SIDA y otras enfermedades.

Resumiendo lo anterior: dar la espalda a un problema, negar su existencia, y no proponer “cuidados paliativos” no ayuda a resolverlo.

El problema, como se apunta en varios comentarios del post de @miguel__rosa , no es el hecho de que algunas familias concretas dejen a sus hijas e hijos demasiado tiempo en actividades no familiares o extraescolares: el problema es PORQUÉ hacen esto. Y es un error pensar que lo hacen porque les está permitido. Desde mi punto de vista, lo que están haciendo es CONSECUENCIA, y no CAUSA, del problema.

Para conseguir maternidades y paternidades felices y responsables, es necesario educar en esa línea. Añado felices porque “responsable” es también aquel o aquella progenitora que trabaja todo lo posible para que a sus hijos e hijas “no les falte de nada”. Esta persona, desde nuestro punto de vista, tal vez ha equivocado sus prioridades de acuerdo con nuestra escala de valores (que no con la que la sociedad del consumo promueve). Pero está siendo responsable. E infeliz.

Su escala de valores ha entrado en conflicto con la de algunos de nosotros y nosotras. Y esto se resuelve educando: mostrando, transmitiendo otros modelos de paternidad-maternidad, de relación familiar, de hombres y mujeres de éxito.

Me váis a permitir que aluda a la utopía de la escuela extendida: cuantas más horas necesiten la escuela estos padres y madres, más podremos hacer para que tengan la oportunidad de entender otras maneras de ejercer su maternidad y paternidad, y ¿porqué no? su ciudadanía.

De quién es la responsabilidad, quién tiene que pagar u organizar, y dónde debe proporcionarse este servicio… eso es harina de otro costal. Yo, personalmente, creo que la escuela es un buen lugar, por muchos motivos. No creo que deba recaer todo ello sobre los hombros de las maestras y maestros (personalmente, echo en falta a los servicios sociales), pero esto (que es otro problema) no debería eclipsar nuestro juicio.

PD. Dejo para la segunda parte la cuestión de los horarios, porque creo que merece de un análisis por separado.

(La foto es mía)

domingo, 14 de diciembre de 2008

Hacer ciencia empieza por hacerse preguntas...

"¿Qué hay que hacer para que un niño lea?", se pregunta una mujer que envía una carta al director de El País. "Pues rodearlo de muchos y buenos libros", se contesta y lo demás es un timo, viene a decir. Sin embargo, podríamos decir también que, para que una manzana caiga, sólo hay que soltarla. ¿Cuántas veces necesitó Newton preguntárselo para dar con la respuesta? ¿Y cuántos antes que él? ¿Y durante cuánto tiempo?

Que no sepamos explicar en un marco conceptual adecuado qué es lo que hay que hacer para que un niño lea no quiere decir que no haya una explicación, si no que todavía no la conocemos porque, en según qué disciplinas estamos como Newton, o quizás mas a oscuras aún. Pero ¿es ese un motivo para dejar de hacernos preguntas? ¿No sería fabuloso que otro Newton se preguntase, diseñase unos experimentos, y fuese capaz de darnos una respuesta universalmente válida para esta pregunta, y otras parecidas?

Yo creo que sí, pero todo es opinable...

jueves, 9 de octubre de 2008

Hay que joderse (con perdón)


(Empieza el curso, y con él, una vez más, con los mismos rollos de todos los años. Después de tres cursos con la misma maestra, mi pequeño genio cambia. Después de lo que ha costado ajustarse, conseguir un curriculo razonablemente adaptado, hacer que el centro entienda la diversidad en toda su amplitud, vuelta a empezar... ¿Cómo puede ser? ¿Tardaremos mucho en adaptarnos?)

El otro día, cuando apretaba a mi hijo para que hiciese alguno de los múltiples deberes que tenía pendientes, debió sentirse muy agobiado, porque respondió airado (aunque con otras palabras) que se iba a construir una tabla de pros & cons de cada una de las extraescolares. La idea se la dió la estupendísima PT (para los legos, profesora de pedagogía terapéutica) con la que supuestamente "diversifica" en Matemáticas. Es una mujer estupenda, de verdad, pero no deja de ser parte del sistema. Entonces, como lo ve agobiado, le sugiere al niño que analice de esta forma si realmente le gustan sus extraescolares, y que priorice, porque tal vez no le aportan tanto como el cree, así que le dice que trate de ver si entre el piano, el solfeo, el baloncesto, el tenis, no le sobra ninguna...¡¡¡EN VEZ DE PROPONERLE QUE SE VAYA A PASEAR O A JUGAR EN TRES DE CADA CUATRO CLASES DE MATEMATICAS, O DE CONO, O DE INGLES, o por supuesto, la totalidad de las sesiones de NORELIGION!!! O sea, que tiene que renunciar a aprender un conjunto de conocimientos y aptitudes que en la escuela OBLIGATORIA no se enseñan y que, sin embargo aportan formación, sensibilidad, y no digamos placer (a los que puedan pagarlo) ... para perder el tiempo escuchando por enésima vez como se resuelven los problema de patos y conejos, porque la ley sólo es capaz de acortar sus años de escolaridad obligatoria, pero no sus días ...

¡Joder, pasando por este sistema educativo, sería verdaderamente meritorio proponer alguna solución creativa!


Perdonad el calentón, pero cada día que pasa tengo más tentaciones de homeschoolear.

jueves, 3 de abril de 2008

La escuela y la educación

Siempre me he preguntado cómo debía ser exactamente el reparto entre los padres y la escuela en la educación de los niños. Por supuesto, la respuesta es que "depende" de los niños, la escuela y los padres. Muchas variables. Una tiende a pensar que aquello en lo que los padres llegan peor será lo que el maestro o la maestra (en adelante, sólo la maestra, como fórmula mixta, por economía del lenguaje y por evidencias estadísticas), como decía, será lo que la maestra elija para hacer más hincapié, o aquello en lo que el niño esté más flojo... Sin embargo, la aproximación más simple que he oído no va por ahí: los padres educan y la escuela forma. Bueno, seguramente esto es lo que debía ser hace tiempo, cuando los valores más básicos formaban parte del acervo cultural, en tanto que el conocimiento estaba en el haber de unos pocos. Ahora no es exactamente así la cosa. Sin tener unos datos precisos, creo que la población en general está más formada ahora que antes, por ejemplo, cuando se estableció la enseñanza obligatoria hasta los 14 años. Y, sin embargo, aunque se hayan introducido eso que llaman contenidos transversales, basados en valores noroccidentalmente válidos como la solidaridad, los derechos humanos, o el respeto al medioambiente, otros valores han sido dejados de lado tachados de "adoctrinamiento" por el establishment educativo.
Por otra parte, al hacer la escuela un derecho de todos los niños, se han integrado niños con capacidades motoras, o intelectuales, o sensoriales que dificultan de manera significativa su capacidad de aprendizaje. Esto es parte de lo que se conoce como atención a la diversidad.

¿Así pues, la escuela está, por fin, al alcance de todos?

Pues creo que no. Creo que sigue habiendo niños que lo tienen muy difícil pero por motivos bien diferentes. Niños que pasan el día en otro planeta, donde se divierten y encuentran desafíos para su inquietud por conocer y por crear. Estos niños deben asistir a la escuela las mismas horas que los demás, para aprender los contenidos que se enseñan en una décima parte del tiempo, y sin embargo no les van a enseñar a adaptarse, a socializar, a canalizar sus ganas de saber o su capacidad de crear. La escuela les va a enseñar a sumar durante 4 años, a multiplicar durante otros 4, y sin embargo, no les va a enseñar nada que no esté en "curriculum de ciclo".

Mi pregunta a los políticos, a los administradores, a las maestras, es: ¿cuál es la diferencia, repecto a lo que debe darle un sistema educativo universal, entre un niño que está en un extremo de la gaussiana por la izquierda, y uno que lo está por la deracha? ¿Qué juicio moral y judeo-cristiano estamos haciendo sobre las capacidades intelectuales para que, cuando uno es niño, y depende aún de los adultos, necesite y merezca más atenciones especiales en la escuela si está en uno de esos extremos que si está en otro?

De hecho, no es lo mismo intentar empujar a los niños del extremo izquierdo hacia la zona que rodea el centro, en la que están la mayoría de los niños - esto es, estimular - que empujar a los del extremo opuesto a esta misma zona - esto es, amputar. Es muy triste que, habiendo distribuciones gausianas en tantas dimensiones, no se elija de cada individuo aquello en lo que necesita refuerzo para dárselo.

Estoy segura de que todos los niños podría sacar un buen partido de la escuela, si todos pudieramos admitir que las necesidades educativas de los niños no dependen de lo que las origina, ni medirse únicamente por la capacidad de adquirir conocimientos o destrezas.


lunes, 25 de febrero de 2008

Mochileros

Como sabéis casi todos, tengo una hija estudiante de ESO en un centro público. El año pasado nos dimos cuenta de que su mochila, con la que acudía todos los días a clase, era tremendamente pesada. Mi hija puso una queja a través del sistema de calidad del Instituto, solicitando la instalación de taquillas, que le fue respondida con buen tono pero en sentido negativo.

Una semana después, tras muchas conversaciones con ella, entre nosotros, con algunos amigos... tomamos una determinación. Escribí una carta a la Dirección del Instituto, en la que explicaba nuestra decisión, los motivos para tomarla, y las consecuencias que esperábamos.

Aquí tenéis el texto (excluida la parte de presentación), que habla de algo más que del peso de la mochila, así que espero que nos de para unos cuantos temas de discusión.

Sé que estás al tanto de la preocupación de nuestra hija por el peso de su mochila, que ha manifestado de distintas formas, entre ellas, escribiendo una “queja/sugerencia” a través de los formularios al efecto, que fue recientemente respondida por ti .

Sus padres compartimos esta preocupación con ella. Aparte del motivo obvio (es nuestra hija, y su salud es importante para nosotros), trascienden a éste preocupaciones de índole más bien ideológica. Tenemos la convicción de que a ella, y a sus compañeros, se les exigen un conjunto de sacrificios de mayor o menor magnitud, que son absolutamente irrelevantes (así como innecesarios) para su formación. Un ejemplo es transportar a diario un promedio de 8 Kg a la espalda.

Para su educación, sin embargo, es muy importante que sus padres les alienten a cumplir estas exigencias, a la vez que les enseñan que no tienen que someterse a lo que consideran injusto, y que deben hacer lo que esté en su mano para cambiarlo, respetando las reglas y utilizando los mecanismos previstos para ello. Esta es la grandeza de la democracia.

Nuestra hija decidió iniciar su particular cruzada por la instalación de taquillas en el instituto, porque sus padres no lo hacían, a pesar de que en numerosas ocasiones habían manifestado su parecer, y su intención de solicitar al centro alguna medida al respecto.

Una vez recibió tu respuesta (una argumentada negativa), pusimos nuestros cerebros a trabajar. Analizamos el problema en sí, y sus posibles soluciones más inmediatas. Encontramos que, en efecto, tal y como respondiste, la alternativa de las taquillas o casilleros en las aulas paliaba en parte el problema, y que seguramente sería interesante ir incorporando algunos elementos que permitan que los estudiantes puedan dejar en el centro parte del material que utilizan con ciertas garantías. Pero el verdadero problema seguiría sin resolver.

Como ésta, todas las soluciones que se nos ocurrieron estaban en manos de terceros (los profesores, el centro, el Departamento de Educación, el Estado, las compañías editoriales...), puesto que este asunto no es más que un reflejo de algo mucho más grave desde nuestro punto de vista: hay demasiadas cosas que han cobrado más importancia en el sistema de formación y educación de los niños y jóvenes que los propios niños y jóvenes. Después de esta reflexión, estábamos en un callejón sin salida. ¡Casi caímos en la tentación de restarle importancia al problema porque no encontrábamos una solución!

Pero, a punto ya de claudicar, vimos una luz al final del camino. Sólo una luz débil, vacilante – una luz atenuada por las dudas... Los libros de texto pueden dejar de ser unidades inalterables, para convertirse en conjuntos (muy ordenados) de unidades temáticas, del tamaño que sea necesario para cada asignatura (un tema, una evaluación), con lo que ella sólo tendrá que transportar lo que necesite para seguir sus clases. Nosotros le ayudaremos a mantenerlo ordenado, hasta que aprenda a hacerlo por si misma, y hasta que encontremos un sistema sencillo para que el orden y el deterioro del material no sean un problema.

Nos ha costado mucho llegar a esta solución, porque hemos tenido que romper con muchos prejuicios acerca del valor de los libros, y el valor del dinero que han costado, el valor de no significarse y pasar inadvertido, de no parecer excéntrico... pero creemos que el valor de la enseñanza que supone para nuestra hija la experiencia de aportar un granito de arena a mejorar la sociedad en la que vive, incluso si fracasa en ello, está muy por encima de todos los otros valores.

Nosotros, con nuestros actos, podemos cambiar este y otros aspectos de la realidad que nos incomodan, que nos parecen poco razonables o innecesarios o injustos, aunque el cambio sólo vaya a repercutir en una pequeña parte de los que los sufren.

La solución ha estado, desde el principio, en nuestras manos, pero siempre es más fácil pensar que la pelota está en el tejado del otro... y este aprendizaje se extiende a muchos ámbitos de la vida

Sin duda, sería mucho mejor que los libros ya estuvieran concebidos para permitir un uso como el que proponemos, así que no esperamos que sea muy cómodo en los primeros momentos. Habrá que dar con el sistema más adecuado.

Le hemos comunicado al tutor de nuestra hija nuestras intenciones, con la idea de que debía conocerlas de antemano, para ponerlo en conocimiento del resto del profesorado del grupo si le parecía conveniente. Asi mismo le hemos anunciado también que daríamos explicaciones más extensas a la Dirección del Centro y a la APYMA.

Somos conscientes de que ninguna de las cartas es estrictamente necesaria, pero confiamos en que nuestro proceder contribuya a alimentar el clima de reflexión por parte de todos que necesita, en nuestra opinión, la enseñanza en general, y la enseñanza pública en particular, aunque sea desde un síntoma menor del deterioro de ambas.

Por favor, considera esta carta como una manifestación de nuestra inequívoca voluntad de mejorar un servicio público en el que hemos depositado nuestra confianza para una misión tan relevante como la educación de nuestros hijos.

Estamos a tu disposición para cualquier duda o aclaración que necesites.

Recibe un cordial saludo


Así que, ya véis, los libros descuartizados, y la espalda de momento va librando. Pero, sobre todas las cosas, ¡un poquito de revolución cada vez que haya ocasión...!