martes, 18 de noviembre de 2008
Otra vez la muerte...
miércoles, 15 de octubre de 2008
La crisis del consumo
Hace aproximadamente 1 año hice una reforma en mi casa. Como soy una chica muy ahorrativa, traté de reciclar todos los elementos que cambiaban de ubicación (radiadores, puertas, sanitarios…) Lo conseguí con casi todo, y aquellas cosas que había que retocar (como las puertas) para ajustar a otras medidas, me costaron mucho más caras. De hecho, varios de los profesionales que tomaron parte en la obra me decían expresamente “te sale mucho mejor si lo compras nuevo” (inciso: a lo que podía haber contestado: “tú no estarías aquí reformando mi casa si eso fuera cierto”). En fin, el caso es que me quedé pensando esa temporada en lo absurdo de la situación, y sentí un cierto vértigo. No agotar la vida útil real de los objetos de consumo, grandes o pequeños, es una forma de desarrollo con muchos, muchos peros. Además de los morales (para mí es un valor la austeridad en sí misma), están los puramente estratégicos. Consumir innecesariamente tiene consecuencias desde el punto de vista de las materias primas, y del de la gestión de los residuos. El espacio que ocupan estos últimos no puede ser utilizado para producir las primeras. Desde el punto de vista de los recursos, es aberrante. Si además tenemos en cuenta que basamos buena parte del exceso de consumo en la casi gratuidad de la mano de obra externa no cualificada y la carestía de la mano de obra occidental, cualificada o no, se cierra con perfección un círculo que deberíamos recorrer en sentido opuesto. Hemos cambiado nuestro ingenio para buscar soluciones que nos permitan seguir utilizando lo que ya tenemos, por unos hábitos individuales y una organización social, del mercado y de la producción altamente ineficientes desde el punto de vista estadístico, puesto que sólo beneficia a un mísero 20% de la población humana, y sólo a corto plazo.
Hoy estamos consumiendo y deteriorando recursos finitos de manera irresponsable (espacio, agua, aire, peces, bosques, largo etcétera), y ahorrando como cretinos en recursos que, de partida, eran virtualmente infinitos: el ingenio, la inteligencia, la creatividad… Lamentablemente, la duración de estos recursos endógenos es depediente de un uso responsable de los otros recursos, exógenos, y por lo que parece, no teníamos tanta dotación inicial… ¿o tal vez se nos agotan, paradójicamente, con la falta de uso?
jueves, 9 de octubre de 2008
Hay que joderse (con perdón)
(Empieza el curso, y con él, una vez más, con los mismos rollos de todos los años. Después de tres cursos con la misma maestra, mi pequeño genio cambia. Después de lo que ha costado ajustarse, conseguir un curriculo razonablemente adaptado, hacer que el centro entienda la diversidad en toda su amplitud, vuelta a empezar... ¿Cómo puede ser? ¿Tardaremos mucho en adaptarnos?)
El otro día, cuando apretaba a mi hijo para que hiciese alguno de los múltiples deberes que tenía pendientes, debió sentirse muy agobiado, porque respondió airado (aunque con otras palabras) que se iba a construir una tabla de pros & cons de cada una de las extraescolares. La idea se la dió la estupendísima PT (para los legos, profesora de pedagogía terapéutica) con la que supuestamente "diversifica" en Matemáticas. Es una mujer estupenda, de verdad, pero no deja de ser parte del sistema. Entonces, como lo ve agobiado, le sugiere al niño que analice de esta forma si realmente le gustan sus extraescolares, y que priorice, porque tal vez no le aportan tanto como el cree, así que le dice que trate de ver si entre el piano, el solfeo, el baloncesto, el tenis, no le sobra ninguna...¡¡¡EN VEZ DE PROPONERLE QUE SE VAYA A PASEAR O A JUGAR EN TRES DE CADA CUATRO CLASES DE MATEMATICAS, O DE CONO, O DE INGLES, o por supuesto, la totalidad de las sesiones de NORELIGION!!! O sea, que tiene que renunciar a aprender un conjunto de conocimientos y aptitudes que en la escuela OBLIGATORIA no se enseñan y que, sin embargo aportan formación, sensibilidad, y no digamos placer (a los que puedan pagarlo) ... para perder el tiempo escuchando por enésima vez como se resuelven los problema de patos y conejos, porque la ley sólo es capaz de acortar sus años de escolaridad obligatoria, pero no sus días ...
¡Joder, pasando por este sistema educativo, sería verdaderamente meritorio proponer alguna solución creativa!
Perdonad el calentón, pero cada día que pasa tengo más tentaciones de homeschoolear.
sábado, 4 de octubre de 2008
Sobre la muerte
lunes, 22 de septiembre de 2008
Dos vidas, dos.
Pero hay una vida que es la que realmente desearíamos haber tenido y, por diversos motivos, no hemos alcanzado a conseguir. A principios del verano, muchas madres y padres empiezan sus vacaciones para estar con sus hijos, que han terminado el cole, y me los imagino (a algunos) compartiendo actividades con ellos, haciéndolas propias (vamos a recortar esto, y a colorear aquello, sacamos las bicis, nos vamos a la piscina...) Es una vida que imagino como en microgravedad: movimientos tranquilos, buen humor, palabras dulces y animosas para mis hijos cuando se equivocan..., una vida en la que no estoy entregada a intereses propios que no puedo compartir, o que me satisfacen de manera más inmediata practicados de forma individual...
...así que, los días en esta vida imaginaria transcurren ordenando a vuelapluma las cuatro cosas que han quedado fuera de su sitio después de cualquier tarea doméstica, leyendo en el sofá sin gran concentración a la vez que resuelvo dudas infantiles o mantengo conversaciones adolescentes, modelando arcilla...
Y sin embargo, en esta otra vida, en la vida que estoy viviendo, mis intereses sólo confluyen marginalmente con los de aquellos a los que quiero, que pasan a convertirse en ladrones de tiempo u obligaciones pesadas, que nunca dejan espacio bastante para otras actividades más personales... Así vivido, no es posible ser feliz, porque no tienes lo que quieres en ningún caso, porque vas dejando una tremenda lista de proyectos no realizados en todos los frentes, con la consiguiente sensación de frustración permanente...
Tal vez penséis que soy pesimista, pero confío en que alcanzaré ese otro yo, paciente y generoso, por la vía de la reflexión (ya sabéis, al nirvana por la meditación). Me llevará un tiempo, puede que mis hijos tengan ya entonces sus propios hijos, y espero saborear durante este tiempo pequeños anticipos de la meta transformándome en mis propios personajes, construyendo en papel seres que son como yo quiero ser. Podré moldearme a mi gusto, y acercarme a mi modelo, con calma, por aproximaciones sucesivas.
En realidad, sólo tengo una vida, pero puedo hacerla tan grande como quiera.